sábado, 29 de enero de 2011

El Apostata

                            El Apostata                                               
                                                                  Por César Santos Jr.
                                  ¡Yo también soy sobreviviente!

Hace algunos días tuve un incidente bastante “desagradable” por emitir mi opinión en el pie de foto de una imagen que subí en una red social en internet. Solo por poner por escrito mi opinión (en términos muy “panameños”, por cierto) sobre lo antagónico de colocar como lema del Concepto “COMUNICACIÓN” una frase de Napoleón en un poster que adornaba la sala de conferencias de la sede local de una universidad privada, me gane una “reprimenda” publica por parte del perfil del Colegio Nacional de Periodistas (CONAPE), Capitulo de Chiriquí en la mencionada red social en internet. La verdad, me llamó poderosamente la atención que se “tomaran la molestia” de hacerme una totalmente innecesaria “llamada de atención”, (y por primera vez en el mencionado perfil de dicha red social se hizo con nombre y apellido propio, por cierto) porque nunca mencione en mi comentario (del cual me hice totalmente responsable, como corresponde a un comunicador serio y que se respete) ni por asociación de ideas al CONAPE ni a ninguno de sus miembros. Pero no, no es de esto de lo que les voy a escribir, porque ese es tema de otra conversación, que no vale la pena tener en este momento.
Mi madre siempre me ha dicho que no hay que darle a las acciones insignificantes una importancia que no tienen. Y eso es una enseñanza que está marcada en lo más profundo de mí ser con fuego. Por eso, la verdadera historia que les voy a mostrar aquí es como el ejemplo de vida de mi Madre ha marcado cada paso que he dado y que doy en cada aspecto de mi Vida.
Mi madre, María Teresa Palacios Cerda, que tiene actualmente 62 años de edad, es una Enfermera Anestesista Jubilada, que, entre otros cargos, ejerció en su momento como Jefa del Salón de Operaciones del Hospital Regional Rafael Hernández, en la Ciudad de David, Provincia de Chiriquí.
Hace algunos años, a mediados del año 2005, mientras el pueblo panameño se debatía en medio de la lucha por la defensa del Sistema de Seguridad Social, el mismo al cual mi madre se había dedicado en cuerpo y alma por más de 30 años, ella fue diagnosticada con Cáncer en el Seno Izquierdo.
Quien les escribe estuvo al frente de quienes, durante 10 días hicimos de la UNACHI un símbolo de lucha y de resistencia a nivel nacional en contra de aquella nefasta acción del gobierno de aquel entonces. Nuestro lema de lucha: “La vida de nuestras madres y de nuestros seres queridos no está en venta, no se negocia, se defiende”. Y así fue.
En medio de la persecución en nuestra contra, a escondidas logré llegar a mi casa, donde estaba mi madre, postrada en una cama, debilitada terriblemente por los estragos que hacía en su cuerpo la quimioterapia. No la había podido ver en meses, porque el solo hecho de intentar ir a verla la pondría a ella en un peligro y una zozobra que no le ayudaban para nada con su condición de salud. Al verla, me le acerque y rompí a llorar como un niño. Le pedí perdón por no poder estar a su lado cuando más me necesitaba y por ser un “iluso”, un “soñador” que defendía una causa que en ese momento parecía a todas luces imposible de ganar.
Y mi madre, en medio de su debilidad, sacó suficientes fuerzas para tomar mi mano y decirme, mirándome a los ojos, lo siguiente: “Tu ve y cumple con tu deber, que yo estoy bien, y todo lo que hagas a partir de ahora, hazlo por mí. Te quiero mucho, cuídate mi Amor y que Dios te bendiga a ti y al resto de los demás muchachos.”
En ese momento, la abracé, le di un beso y me puse de pie. Y a partir de entonces, con la bendición de mi madre sobre mí,  me sentía de acero. No importaban el hambre, el sueño, el cansancio, el peligro de la muerte, nada de esto era importante, a partir de entonces mi fe en el triunfo final era total. Y ganamos. Y mi madre venció el Cáncer.
Este año, a finales del Semestre pasado, cuando al fin, a pesar de todos los obstáculos para lograrlo (que sería larguísimo de explicar en tan pocas líneas) estaba a punto de graduarme, y luego de haber ganado, para variar, contra todo pronóstico, todos los cargos por elección a los que podría aspirar un estudiante en la UNACHI, mi madre, nuevamente, fue diagnosticada con Cáncer en el Seno Izquierdo, si, en el mismo sitio donde había recibido radio y quimioterapia hacia años.
Y esta vez, deje todo a un lado: Universidad, Trabajo, Novia, etc, etc y mi madre se convirtió en mi primera y única prioridad en la vida. Y ahora mi madre está pasando por el final de su tratamiento, en el cual he estado con ella en todo momento a su lado. Y gracias al Sistema de Seguridad Social que nos toco defender con sangre, sudor y lágrimas en el 2005 y al apoyo de tanta y tanta gente que, como yo, amamos a mi madre y la hemos acompañado por este largo y doloroso camino que le ha tocado recorrer de nuevo, una vez más, mi madre está venciendo el Cáncer.
Y luego de todo esto, el perfil del Colegio Nacional de Periodistas, Capitulo de Chiriquí, en una red social en internet me “llamó la atención” (innecesariamente, insisto) por, según su opinión: “abusar de palabras para opinar del entorno”, pero aclara “creemos en la libertad de expresión” (¿?)
Al respecto, opino lo que siempre me ha dicho mi madre: Es mejor ser despreciado por ser quien eres, que ser amado por fingir ser algo que no eres.
Y yo le hago caso a lo que me dice mi madre, porque, al igual que ella, y aunque a algunos no les guste: ¡YO TAMBIEN SOY SOBREVIVIENTE!

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