sábado, 29 de enero de 2011

“La Responsabilidad Social del Periodista”


“La Responsabilidad Social del Periodista”

Para poder definir y entender correctamente el concepto “Responsabilidad Social del Periodista”, debemos entender que esta frase abarca mucho más de lo que a simple vista aparenta.
Los periodistas, por regla general (excepto algunas excepciones) son simples empleados de los medios de comunicación. Como todo Comunicador Social sabe, la línea editorial de un medio es decidida por quien sea dueño de dicho medio y, por regla general casi siempre dichos dueños de Medios, no son periodistas.
Es muy fácil hablar de Responsabilidad Social del Periodista”, cuando ésta en realidad debería ser definida primero comoResponsabilidad Social de los Medios de Comunicación”, ya que, en el caso de los periodistas que trabajan para determinado medio de comunicación, en mayor o menor grado, solo están autorizados a llegar hasta donde la línea editorial (y su propia ética y moral) se los permite.
Pero esto no exime a los Comunicadores Sociales de su responsabilidad social frente a la comunidad, al pueblo, a la ciudadanía o, como se le ha decidido designar últimamente, a la “sociedad civil”.
¿Qué es, entonces, la responsabilidad social del periodista?
Tal como su nombre lo indica, es algo que debería ser la piedra angular del actuar de todo Comunicador Social, pues si un periodista se manejara sin ningún tipo de responsabilidad social, definitivamente ya no sería un Comunicador Social, sería alguna otra cosa, pero no un Comunicador Social.
En estos momentos, en que vivimos tiempos oscuros para el ejercicio de todas las libertades fundamentales del individuo, empezando por el derecho a la vida y llegando al ejercicio de la libertad de expresión, debemos hacer un proceso de crítica y autocrítica a lo interno de los gremios y a lo interno de los medios de comunicación de nuestro país, que son un poder que abarca desde lo económico hasta lo político y mucho mas allá.
En nuestro país, a través de los medios de comunicación intencionalmente se ha desinformado, mentido, omitido, manipulado información y eliminado todo debate en torno a los temas más sensibles que afectan la vida de todos los panameños. Nuestros medios deberían ser un espacio donde la voz de los oprimidos se escuche, sin embargo, han doblado sus rodillas ante los poderosos; se han convertido en simples medios de propaganda o publicidad gubernamental y comercial y en simples mercaderes de la información.
En Panamá, desgraciadamente, para los dueños de los medios masivos de comunicación, la noticia es un negocio, una mercancía y nada más que eso.
Para nadie en nuestro país es un secreto que los medios masivos de comunicación  están en manos de una elite que manipula y desinforma a la opinión pública, con el egoísta fin de mantener el “status quo” en beneficio de sus muy personales y egoístas intereses.
En nuestro país, a pesar de que las frecuencias del espacio radioeléctrico, de acuerdo a la Constitución de la República de Panamá pertenecen al Estado Panameño (radio y televisión, pero este ejemplo aplica también para la licencia de operación de las empresas que se dedican a la prensa escrita), en la práctica estos medios operan, prácticamente, sin ninguna regulación o restricción y están en función de los intereses de los propietarios de dichos medios, que apelan a una supuesta “libertad de expresión” o más bien, una supuesta “libertad de prensa“ (que aunque suene parecido, no es lo mismo, ni se escribe igual) para mantener este estado de cosas, cuando en la práctica esto no es más que la imposición de un modelo de conducta que dichos medios moldean basados en sus muy particulares intereses comerciales y así calumnian, satanizan o, peor aún, eliminan totalmente de estos espacios a todas las organizaciones o personas con las que no coinciden política o ideológicamente con el sistema gobernante o sea que la tan cacareada “libertad de escoger que ver, leer o escuchar” no es más que la imposición de ver, leer o escuchar varias versiones de una misma cosa, o sea, ver, leer o escuchar lo mismo repetido una y otra vez, eliminando toda voz contestataria a la línea editorial del medio.
Un ejemplo de esto fue cuando durante el Referéndum sobre la ampliación o no del Canal de Panamá todos los medios de comunicación masivos se sumaron a la enorme maquinaria propagandista gubernamental del Sí a la ampliación y donde a los grupos representantes del NO a dicha ampliación se les cerró sistemáticamente el acceso a dichos espacios mediáticos.
Lo mismo ocurre con toda organización o persona que tenga una opinión diferente a la línea editorial del medio y a través de esta dictadura mediática, se ha satanizado en nuestro país la protesta social.
Además, los periodistas dentro de dichos “medios de comunicación” (más bien, Medios de Imposición), no gozan de libertad ni de independencia.
Permanentemente existe la amenaza de despido si se llegaran a oponer a la “Línea Dictatorial” del Medio, es decir, no pueden opinar distinto de lo que los dueños de dicho medio han decidido que sea lo que salga o no por dicho medio. Esta es la llamada “Autocensura” de los medios masivos de comunicación en nuestro país. Viendo todo esto, en la práctica, virtualmente no existe, ni ha existido desde hace mucho tiempo libertad de expresión en nuestro país, ya que no existen verdaderos espacios donde ejercerla.
Algunas muestras de esta ausencia de libertad de expresión en Panamá han sido, por ejemplo, el total silencio que estos mismos medios guardaron frente al cierre por presiones del Gobierno (de aquel entonces) y grupos empresariales del programa “Confrontación” de la Periodista Maribel Cuervo de Paredes en  el Canal 5 de la televisión nacional, o cuando fue negado el debate amplio que el pueblo panameño exigía sobre la propuesta de ampliación al Canal de Panamá o la lucha que tantos y tantos periodistas hicimos frente a los artículos 167, 168, 170 y 197 del Código Penal Panameño, que penalizaban el ejercicio del periodismo crítico e investigativo como tal.
Tampoco hemos visto ese despliegue mediático cuando el pueblo panameño ha sido afectado por tantas y tantas tragedias como los envenenados por el Dietilenglicol suministrado por la Caja de Seguro Social, el aumento indiscriminado del costo de la vida, o, más actualmente, el ataque frontal que ha hecho este gobierno en contra de todas las libertades individuales de los ciudadanos panameños y cuya muestra más palpable ha sido la violación sistemática de los derechos humanos más fundamentales en Bocas del Toro, ya que esa es la verdadera función que debemos cumplir los verdaderos Comunicadores Sociales: Apoyar todas las causas y luchas justas de todos los pueblos del mundo, empezando, por supuesto, por el nuestro y no el hacerle el juego a los verdugos de la libertad de expresión y de todas las libertades y derechos fundamentales del ser humano.
No nos llamemos a engaño, en Panamá vivimos bajo una Dictadura Civil Fascista donde se violentan todos los días las más fundamentales libertades y derechos humanos del individuo, incluyendo la libertad de expresión.
Y si a esto le sumamos la grave deficiencia que sufren nuestros futuros profesionales de la Comunicación desde el momento en que entran en las aulas de nuestra Facultad de Comunicación Social a formarse como Periodistas, la situación toma matices verdaderamente alarmantes. Solo hay que caminar algunos pasos dentro de nuestras aulas de clases y encontraremos a estudiantes de periodismo de todos los años, desde novatos de primer año hasta graduandos que no solo no les gusta escribir, sino que no les gusta leer, ni hablar en público, ni les interesa en lo mas mínimo la responsabilidad social de ningún tipo ni signo. Y aquellos que lean este escrito se preguntaran: ¿Y cómo es posible que alguien haya decidido tomar la carrera de periodismo, si no tienen (ni les interesa tener) las cualidades mínimas que se esperan de un periodista: Amor a la lectura, Amor a la redacción, Amor a el hablar en público y una permanente sed de conocimientos y de cultura en general?
La respuesta es muy sencilla:
Dicho en palabras simples, estamos cosechando lo que hemos sembrado, ni más, ni menos.
Si en vez de enseñarle a los estudiantes la mística que debe rodear el ejercicio del periodismo a través del ejemplo de una vida de docencia digna, meritoria, comprometida con las causas sociales y se llena ese espacio vacío con ejemplos de vida profesional que son la antítesis de lo que se debe esperar de un profesional de la comunicación social como desgraciadamente viene ocurriendo en nuestras escuelas de periodismo (con muy gloriosas excepciones de docentes que si son un ejemplo de vida profesional a seguir), el resultado lógico a esa situación es el caos institucional que vemos actualmente y que es el tema de este ensayo. Pareciera ser que ahora los estudiantes se han convertido en simple mercancía y nuestra carrera en una simple operación mercantilista, sin alma, sin espíritu, sin corazón, sin un verdadero compromiso social de ningún tipo.
Y si hablamos de nuestros colegas que ya ejercen la profesión y de nuestros docentes de la especialidad (con muy gloriosas excepciones), tanto más de lo mismo.
La situación ha llegado a tal punto que los Comunicadores Sociales no solo no nos comunicamos entre nosotros, sino que en vez de vernos como colegas y hermanos de profesión, algunos prefieren ver a sus compañeros como enemigos a vencer a cualquier costo, como competencia, como estorbos en su camino profesional. Esto quedo más que evidenciado en las últimas protestas convocadas para la defensa de la libertad de expresión, donde la asistencia de nuestros colegas que ya ejercen la profesión (y la de nuestros docentes de la especialidad) no solo ha sido muy baja, sino que la misma ha sido totalmente  inversa a la cantidad de asistentes a los festejos que cada año se realizan como celebración del “Día del Periodista”, por poner un ejemplo.
Gaspar Octavio Hernández, que murió en el ejercicio de la profesión periodística y en cuyo honor se ha designado el 13 de Noviembre como “Día del Periodista”,  debe estarse revolcando en su tumba.
¿Qué hacer, entonces, para cambiar todo esto?
¿Acaso ya todo está perdido?
Parafraseando a Mahatma Ghandi, la respuesta a estas preguntas es una frase muy sencilla de decir, pero no tan sencilla de poner en práctica:
“Nosotros debemos ser el cambio que queremos en el mundo”
 Dicho en otras palabras, el mundo o, este caso, la profesión periodística, empieza a cambiar, si empezamos por nosotros mismos.
Trataré de explicar mejor esto con una pequeña historia que alguien a quien amo mucho me contó hace ya algún tiempo:
-      “Había una vez un pueblo a la sombra de una enorme montaña.
En dicho pueblo, todos los habitantes, además de estarse quedando prácticamente  ciegos, estaban muriendo de cáncer en la piel pues la luz del sol nunca o casi nunca les llegaba, porque la montaña los cubría con su sombra todas las épocas del año.
Un día (o una noche, total, en aquel pueblo los días y las noches eran igual de oscuros), el anciano más anciano del pueblo empezó a caminar a paso de anciano, o sea, muy pero muy lentamente por en medio de la única calle que había y que dividía al pueblo en dos. Llevaba en sus manos una cucharita de plástico, de esas que se usan para revolver el café. 
Mientras pasaba, la gente del pueblo salió de sus casas para verlo.
Y uno de entre la gente le grito: “Hey viejo, ¿Que vas a hacer con esa cucharita?”
El viejo le respondió: “Voy a mover la montaña”
Al escucharlo, todo el pueblo al unísono rompió a carcajadas, burlándose del anciano.
“Estás loco”, le grito otro, “Tu solo jamás vas a mover esa montaña. ¿Acaso eres estúpido que no te das cuenta?”
Y el anciano le respondió, con una sonrisa en los labios: “Es cierto, yo solo jamás voy a poder mover esa montaña, PERO ALGUIEN TIENE QUE EMPEZAR A HACERLO”
La moraleja de esta historia es que la montaña que cubre con su sombra todo el pueblo donde todos están quedándose ciegos y muriéndose poco a poco, es todo aquello negativo que hay en nuestra profesión actualmente y que hay que cambiar, “el orden empieza por casa”.
Y el anciano, ese anciano del que todos se burlaron a carcajadas, ese anciano somos cada uno de nosotros, cuando decidimos empezar a cambiar el mundo, o, en este caso,  la profesión periodística, empezando por nosotros mismos. Alguien tiene que empezar a hacerlo.
Algunos ya llevamos años luchando por poder ejercer nuestro derecho a expresarnos y a ser escuchados, por el derecho a la libertad de información verdadera y no manipulada u omitida como hoy ocurre en Panamá, por el derecho al entretenimiento sano y no la “televisión, radio y prensa escrita basura” con que nos inundan cada día, por el derecho al acceso a la cultura, nuestra cultura, no a un modelo impuesto por las grandes transnacionales de la propaganda, por el respeto a la integridad de la imagen de la mujer, no la manipulación de la imagen de la mujer como un simple objeto sexual como ocurre actualmente en los medios escritos, radiales y televisivos en nuestro país, en síntesis, por verdaderamente ejercer nuestro derecho pleno a expresarnos realmente.
Alguien tiene que seguir luchando, alguien tiene que hacerlo, no solo es nuestra responsabilidad, es nuestro deber, es nuestro ideal a seguir, porque el deber de todo Comunicador Social honesto es luchar por ese ideal y el deber de toda persona honesta es no solo apoyarle en su andar, sino además no estorbarle en su camino.

Por: Ezequiel
(César Santos Jr.)
septiembre6@hotmail.com
(507) 65934165

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