sábado, 29 de enero de 2011

“La Estupidez es lo mas Difícil de Combatir”


“La Estupidez es lo mas Difícil de Combatir”


Estupidez.

A simple vista, pareciera una palabra muy fuerte, muy fea para designar un comportamiento determinado. Sin embargo, no importa que tan “fuerte” o “fea” pueda parecer, esto no es nada comparado a todos los estragos que la estupidez ocasiona.

Para poder analizar sus consecuencias, primero tenemos que saber que es, en si, la estupidez.

Entonces, ¿Cómo podríamos definir la estupidez?

Bien, si la ignorancia es el desconocimiento total o parcial de algo (lo cual nos convierte en ignorantes a todos los seres humanos, en mayor o menor grado), la estupidez es no solo el ser ignorante de algo, sino el querer seguir siéndolo y además de eso, estar orgulloso de ello.

Pero,
¿Acaso la estupidez es peligrosa?

La respuesta corta a esta pregunta es: SÍ, la estupidez es peligrosa.

Los Hechos hablan por si solos.

Así como millones de seres humanos aplaudieron y apoyaron el genocidio de otros tantos millones de seres humanos durante la II Guerra Mundial en las garras del Fascismo y los Nazis, así mismo hoy en día, sigue ocurriendo igual.

Y no nos vayamos tan lejos, miremos a nuestro alrededor, veamos lo que ocurre en nuestros hogares y nuestras aulas de clase.

Los medios masivos de propaganda siguen creando legiones de “zombis programados” que solo repiten como “loros amaestrados” todo aquello que el sistema quiere que crean que es la verdad absoluta.

Siendo esto así, sería peligrosísimo para el “status quo”, para el “orden establecido”, que los jóvenes pensaran por si mismos.

Esto sería letal para el sistema imperante, pues se les acabaría el negocio del control total que quieren seguir teniendo sobre todos los aspectos de nuestras vidas.

Por ello, el joven ideal que nos vende el “orden establecido” es, básicamente, un robot, un autómata, un ser vacío, sin alma.

No le interesa nada.
No siente nada. 
No dice nunca que NO a nada de lo que el sistema le impone como “la verdad absoluta”
No analiza.
No piensa por si mismo, solo obedece. Siempre obedece.

En resumen, el joven ideal que nos vende el “orden establecido” es un ser al cual no le importa absolutamente nada, salvo el seguir manteniéndose inmerso en lo que el libro de Eclesiastés define como “la felicidad absoluta”, o sea, la estupidez absoluta, el desinterés total, o, como dicen los ancianos de mi pueblo, el “poco me importa”, el “mientras no sea conmigo, no es mi problema”.
Pero, ¿Cómo podemos hacer nosotros, simples mortales, para combatir y triunfar contra un monstruo tan poderoso como este?

Parafraseando a Mahatma Ghandi, la respuesta es una frase muy sencilla de decir,
pero no tan sencilla de poner en práctica:

“Nosotros debemos ser el cambio que queremos en el mundo”

 Dicho en otras palabras, el mundo empieza a cambiar, una persona a la vez,
si empezamos por nosotros mismos.

Tratare de explicarme mejor contándoles una pequeña historia que alguien a quien amo mucho me contó hace ya algún tiempo:

-      Había una vez un pueblo a la sombra de una enorme montaña.
En dicho pueblo, todos los habitantes, además de estarse quedando prácticamente  ciegos, estaban muriendo de cáncer en la piel pues la luz del sol nunca o casi nunca les llegaba, porque la montaña los cubría con su sombra todas las épocas del año.

Un día (o una noche, total, en aquel pueblo los días y las noches eran igual de oscuros), el anciano mas anciano del pueblo empezó a caminar a paso de anciano, o sea, muy pero muy lentamente por en medio de la única calle que había y que dividía al pueblo en dos. Llevaba en sus manos una cucharita de plástico, de esas que se usan para revolver el café. 
Mientras pasaba, la gente del pueblo salio de sus casas para verlo.

Y uno de entre la gente le grito: “Hey viejo, ¿Que vas a hacer con esa cucharita?”

El viejo le respondió: “Voy a mover la montaña”

Al escucharlo, todo el pueblo al unísono rompió a carcajadas, burlándose del anciano.
“Estas loco”, le grito otro, “Tu solo jamás vas a mover esa montaña. ¿Acaso eres estúpido que no te das cuenta?”

Y el anciano le respondió, con una sonrisa en los labios: “Es cierto, yo solo jamás voy a poder mover esa montaña, PERO ALGUIEN TIENE QUE EMPEZAR A HACERLO”

La moraleja de esta historia es que la montaña que cubre con su sombra todo el pueblo donde todos están quedándose ciegos y muriéndose poco a poco, es la estupidez que nos rodea.

Y el anciano, ese anciano del que todos se burlaron a carcajadas, ese anciano soy yo, cuando decidí empezar a cambiar el mundo empezando por mi mismo.

Así es, la estupidez se puede vencer, pero no será fácil hacerlo, de hecho, es lo más difícil de hacer en esta vida, porque, tal como lo dijo Vladimir Ilich Ulianov:

“La estupidez es lo mas difícil de combatir” 



Por: Ezequiel
(César Santos Jr.)
septiembre6@hotmail.com
(507) 65934165

No hay comentarios:

Publicar un comentario