sábado, 29 de enero de 2011

Mi Confesión



Hoy la volví a ver.
¿Puedes creerlo?
Hace tres años que no sabía nada de ella.
Pensé que tal vez se había ido del país.
Pensé que tal vez se había casado otra vez.
Pensé que tal vez había caído otra vez en la espiral descendente de la adicción a las drogas. Incluso llegué a pensar que tal vez había muerto.
O que tal vez estaba en prisión.
O que tal vez estaba agonizando en algún hospital.
Pensé todo esto y muchas cosas más al respecto.
Y todas estas cosas me pegaron directamente en el cerebro cuando la vi, allí, frente a mí. Es como si te hubieran arrancado un brazo y tres años después ves tu brazo ahí,  tirado en la acera, frente a ti, moviéndose, vivo, algo que en tu mente ya ni siquiera recordabas que existiera, pero cuando miras tu muñón, esa horrible cicatriz que te quedó cuando te lo arrancaron, entonces recuerdas que tenias un brazo y recuerdas como se sentía cuando tenías ese brazo pegado a tu cuerpo.
Ahora imagínate como me sentí yo al verla ahí, frente a mí, después de tanto tiempo de buscarla y de no saber nada de ella.
Imagínate lo que fue recordar todo lo que vivimos juntos, ver otra vez esos hermosos ojos negros que antes brillaban cuando me veían, esas manos que tanto me acariciaron y que tanto acaricie, esos labios que tantas veces me besaron y que tantas veces besé, ese cuerpo que conocí hasta el último detalle…
Y tener que estrellarme contra mi realidad actual y  tener que aceptar que hoy no queda nada más que rabia en su corazón para mí.
Debería aceptarlo, pero no puedo.
No puedo aceptar el hecho de que fui tan inmensamente estúpido como para destruir con mis propias manos la oportunidad que tuve de ser feliz con la única mujer que ha tenido el valor suficiente para amar a este caos inconcluso que es lo que soy yo.
Duele saberlo.
Duele saber que fue mía y que ahora por mi culpa, solo por mi culpa y por la de más nadie, estoy solo.
Como duele, Dios Todopoderoso, darme cuenta que fui tan estúpido.
Entiéndeme tu, Dios, tu que puedes entenderme.
Perdóname tu, Dios, tu que puedes perdonarme.
Duele la soledad.
Dios, como duele.
                                                                                                            Por: Ezequiel
(César Santos Jr.)
septiembre6@hotmail.com
(507) 65934165

No hay comentarios:

Publicar un comentario