Definitivamente, el precio a pagar por ejercer el derecho a la libertad de pensamiento (incluyendo el que lo hagas a las 11:30 P.M. y a las 5:00 A.M. en tu propia casa, y dormido, además, y para rematar, en un día no laborable) es muy, muy alto...
En mi caso el precio a pagar ha sido el suicidio social y familia
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La conclusión a la que han llegado, tanto un conocido a través de redes sociales, como una nueva pariente política, es que el hecho de ser alguien que no ejerce las mismas practicas religiosas que ellos, te transforma en alguien descarriado, lleno de odio y resentimiento, sin amor, y básicamente, eso te hace una mala persona.
Pero, en perspectiva, si eres (o aparentas ser, que en eso no hacen discriminación) lo que ellos denominan “un creyente” o algo parecido a eso, pues automáticamente y por arte de magia, perdón, por acto de fe, te transformas en una buena persona.
Más irónico, ilógico y absurdo que esto, imposible.
Y si, a mi me pasó…
Y me está pasando…
Ahora sería un buen momento para rendirme y dejar de utilizar la lógica, la razón y el sentido común como guías en mi vida y así, sería aceptado socialmente y familiarmente como uno mas de los que, sea por su propia voluntad o porque los obligaron o porque nunca han ejercido el derecho a la libertad de pensamiento, son felices en su total y absoluto desinterés en la búsqueda del porqué de todo, pero desgraciadamente, al igual que con tantas y tantos otras y otros despreciadas y despreciados y vilipendiadas y vilipendiados por ser quienes son, y cierto es que yo escogí ser como soy y me declaro culpable de eso, y a mucha honra, pero además, para mi desgracia, en este punto de mi proceso de aprendizaje, ya no puedo volver atrás...
Y si el precio a pagar por ejercer la libertad de pensamiento es la soledad y el aislamiento eterno, pues con todo lo injusto que eso sea, eso no me hará rendirme, ni ahora, ni nunca, pues, como ya mencioné, yo ya no puedo rendirme, ni aunque quiera...
Y esta rebelión, que llevo clavada en mis genes, y que además, reafirmo con mi inquebrantable decisión de ser libre pensador me hace, dentro de lo que cabe, feliz…
Asumo la total responsabilidad de las consecuencias de mis actos…
Pues ser libre pensador, para mi, ya no es solo una decisión, es lo que soy…
Y a mucha honra…
Y de por vida, para siempre, cuésteme lo que me cueste…
Por Ezequiel
(César Santos Jr.)
La conclusión a la que han llegado, tanto un conocido a través de redes sociales, como una nueva pariente política, es que el hecho de ser alguien que no ejerce las mismas practicas religiosas que ellos, te transforma en alguien descarriado, lleno de odio y resentimiento, sin amor, y básicamente, eso te hace una mala persona.
Pero, en perspectiva, si eres (o aparentas ser, que en eso no hacen discriminación) lo que ellos denominan “un creyente” o algo parecido a eso, pues automáticamente y por arte de magia, perdón, por acto de fe, te transformas en una buena persona.
Más irónico, ilógico y absurdo que esto, imposible.
Y si, a mi me pasó…
Y me está pasando…
Ahora sería un buen momento para rendirme y dejar de utilizar la lógica, la razón y el sentido común como guías en mi vida y así, sería aceptado socialmente y familiarmente como uno mas de los que, sea por su propia voluntad o porque los obligaron o porque nunca han ejercido el derecho a la libertad de pensamiento, son felices en su total y absoluto desinterés en la búsqueda del porqué de todo, pero desgraciadamente, al igual que con tantas y tantos otras y otros despreciadas y despreciados y vilipendiadas y vilipendiados por ser quienes son, y cierto es que yo escogí ser como soy y me declaro culpable de eso, y a mucha honra, pero además, para mi desgracia, en este punto de mi proceso de aprendizaje, ya no puedo volver atrás...
Y si el precio a pagar por ejercer la libertad de pensamiento es la soledad y el aislamiento eterno, pues con todo lo injusto que eso sea, eso no me hará rendirme, ni ahora, ni nunca, pues, como ya mencioné, yo ya no puedo rendirme, ni aunque quiera...
Y esta rebelión, que llevo clavada en mis genes, y que además, reafirmo con mi inquebrantable decisión de ser libre pensador me hace, dentro de lo que cabe, feliz…
Asumo la total responsabilidad de las consecuencias de mis actos…
Pues ser libre pensador, para mi, ya no es solo una decisión, es lo que soy…
Y a mucha honra…
Y de por vida, para siempre, cuésteme lo que me cueste…
Por Ezequiel
(César Santos Jr.)
25 de Noviembre de 2012

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